ELLING - Crítica de Diego Vázquez
Miercoles, 20 de Marzo del 2002
"Médico de familia" en el psiquiátrico.
Las
nominaciones a los Oscar se han lucido. A la habitual presencia
de filmes sin nada que ofrecer excepto el poderío del estudio
que está detrás con que nos obsequian cada año, se suelen
sumar también películas de relleno de
calidad que en esta ocasión (salvo
honrosas excepciones en las firmas de Altman o Lynch) son aún más
irritantes que las primeras. Destaquemos dos: En la habitación y esta Elling, ganadora del premio del
público en el Festival de San Sebastián (¿?) y nominada al
Oscar a la mejor película extranjera. A su favor podríamos
decir que es la película de menor duración de las nominadas en
su categoría, pero sus noventa minutos se hacen tan eternos como
las interminables horas de pestiños épicos como Un puente lejano. Pasados los cinco
primeros, el deseo de salirse de la sala se vuelve apremiante y
no decae hasta al final.
Pretendida
fábula amigable, inocente y casi infantil de dos seres de psiquiátrico
a los que sueltan a vivir en el mundo real tutelados por los
servicios sociales. Allí tras las primeras dificultades podrán
ver cumplidos sus sueños,
logrando integrarse en la sociedad de nuestros días como muestra
la borrachera final, un happy ending bochornoso. Lo
curioso es que sus andanzas no son pocas y el periodo temporal de
la historia que Peter Naess narra tampoco resulta
corto. Esto hace que dentro de su escasa duración real, director
y guionista busquen condensar todos los vericuetos de la trama,
logrando únicamente una sucesión de situaciones sin respiro con
personajes desdibujados o simplemente inexistentes (como la novia
embarazada de uno de los dos enfermos) que entran y salen sin que
nos logren importar en lo más mínimo o que cuando si lo logran
(caso del amigo poeta de Elling) no logran encontrar su
espacio, poniendo aún más en evidencia el fracaso de la
estructura.
Pero
si el guión es un auténtico desatino en la forma no lo es menos
en el contenido dónde aparece un mil veces visto retrato de
enfermos mentales (Alguien voló sobre el nido del cuco sigue pesando después
de tantos años) con un tono amable y complaciente más cercano a
Médico
de familia (todo un referente, por lo visto, en el
cine contemporáneo) que a una labor cinematográfica seria. La
voz en off de Elling, la falsa poesía del absurdo de muchas de
sus situaciones (retomando los peores momentos de El lado oscuro del
corazón) y una música irritante y omnipresente,
logran dejar a los peores telefilmes ñoños de la Disney en pañales. Dentro de
este desatino, la inaceptable realización de Naess carece de importancia.
No cabe duda que su director no ha aprendido a pegar un plano
detrás de otro aún, pero en cambió si parece haber descubierto
la cuadratura del círculo en soluciones visuales tan
imaginativas como la cámara en balanceo para expresar el
desequilibrio interior de los personajes ante el sonido del
timbre del teléfono o el de la puerta, en sus primeros días
fuera del centro psiquiátrico. Sirva este ejemplo de vara de
medida para que el espectador que se plantee gastar su dinero en
acudir a verlo sepa a qué atenerse.
Petter Naess -
Noruega, 2001
Calificación:
0
(No se le ocurra verla)
© Diego Vázquez
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